La náusea

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mi sitio: libertad y facticidad


Maximiliano Cladakis
Introducción

   En el segundo punto del primer capítulo de la Cuarta Parte de El ser y la nada Sartre aborda una cuestión fundamental dentro de su pensamiento: la situación. Como su título lo indica (“Libertad y facticidad: la situación”), Sartre intentará comprender el entrelazamiento de la libertad y de la facticidad en la existencia concreta del hombre. Efectivamente, la situación aparecerá configurada por ambos elementos, que, en algunas filosofías se presentan como excluyentes el uno con respecto al otro. Desde esta perspectiva, esta parte de la obra tendrá como apartados: A) Mi sitio, B) Mi pasado, C) Mis entornos, D) Mi prójimo, E) Mi muerte.

  En las siguientes páginas, nos dedicaremos a exponer brevemente, el apartado A, en el cual Sartre piensa al sitio concreto del para sí a partir del mencionado entrelazamiento entre libertad y facticidad, estableciéndolo como el centro absoluto de toda espacialidad.

Facticidad y contingencia
  
    Sartre señala que mi sitio es el lugar que habito, es decir, que mi sitio hace referencia a “mi país, con su suelo, su clima, sus riquezas, su configuración hidrográfica y orográfica”[1], al mismo tiempo que  es el orden en el cual el mundo se me revela, el centro de referencia mediante el cual las cosas aparecen.  Mi sitio, en este sentido, es el polo de referencia que posibilita que la pared esté detrás de la estufa, que la puerta se encuentre a la izquierda de la televisión; etc.

   Sartre afirma que sería imposible que yo no sea en un sitio. La existencia es ser-en-el-mundo, no ser en un sitio, implicaría, precisamente, estar de sobre vuelo en el mundo. Precisamente, el para-sí es conciencia intencional, entregada, expectorada, al mundo, lo que significa que, en su dimensión más original, es conciencia posicional de los objetos del mundo. Por otro lado, como ya mencionamos, mi sitio es lo que impone un orden en el mundo. Soy yo, existiendo en un sitio, la razón de este orden. El espacio emerge en el ser del mundo por medio del para-sí.

“El espacio geométrico, es decir, la pura reciprocidad de las relaciones espaciales, es una pura nada, según hemos visto. El único asiento concreto que pueda descubrírseme es la extensión absoluta, o sea, justamente, aquel que se define por mi sitio considerado como centro, y para el cual las distancias se cuentan absolutamente desde el objeto hasta mí, sin reciprocidad. Y la única extensión absoluta es la que se despliega a partir de un lugar que soy absolutamente. Ningún otro punto podría elegirse como centro absoluto de referencia, sin ser arrastrado al momento a la relatividad universal”[2].

   Para Sartre el centro absoluto a partir del cual se despliega la extensión es mi sitio, el cual soy yo mismo. Yo soy el sitio que existo; es decir, soy yo el centro de referencia ante el cual los objetos se presentan. Al igual que Husserl, Sartre negará que el espacio geométrico exista por sí mismo. La instancia original de toda extensión me tiene a mí como centro. 
   Por otro parte, Sartre señala que mi sitio en tanto lugar que habito actualmente, si bien puede ser fruto de mi libertad, me revela también la contingencia original de mi existencia. En efecto, yo me encuentro en un lugar determinado y encontrarme aquí es obra de mi libertad. Yo me dirigí a este lugar desde otro lugar por medio de una elección libre. Sin embargo, la cadena causal retrospectiva me lleva hacia un lugar original que yo no elegí y que me revela la facticidad de mi existencia: el lugar de mi nacimiento. “Así, nacer, es, entre otras características, tomar su sitio, o más bien, de acuerdo con lo que acabamos de decir, recibirlo”[4].

    Sartre observa que esta ambigüedad, da origen a dos tendencias contrarias: la que afirma al libre albedrío y la que niega el libre albedrío. La primera considera a mi sitio como un absoluto fruto de mi libertad. La segunda, por el contrario, concibe mi sitio como un elemento más que me determina externamente, y sobre el que no tengo ningún poder de decisión.  En este sentido, los adversarios de mi libertad  sostienen que “(…) mi sitio está demasiado profundamente vinculado con las demás condiciones de mi existencia (régimen alimentario, clima, etc.) para no contribuir a hacer de mí lo que soy”[5].

   Sartre piensa que la resolución del problema tratado en estos términos es imposible ya que este se encuentra mal planteado. No se trata de optar por libertad o por facticidad, sino de comprender la relación entre ambos términos. El sitio se constituye a partir del advenimiento del para-sí, al mismo tiempo que el para-sí recibe de manera original su sitio.

   “De hecho, si queremos plantear la cuestión como es debido, conviene partir de esta antinomia: la realidad humana recibe originalmente su lugar en medio de las cosas; la realidad humana es aquello por lo cual algo como un sitio viene a las cosas. Sin realidad humana, no habría ni espacio ni sitio; y, sin embargo, esta realidad humana por la cual viene a las cosas su asiento, recibe su sitio entre esas mismas cosas sin ser en modo alguno dueña de ello. A decir verdad; no hay en esto misterio alguno; pero la descripción debe partir de la antinomia, y nos mostrará la exacta relación entre libertad y facticidad”[6].



Nihilización y huída de sí

   Sartre señala que mi sitio es, ante todo, una relación con las cosas. Por lo tanto, si yo sólo me limitase a existirlo dicha relación no podría establecerse. En efecto, si sólo existiera mi sitio no podría relacionarme con los objetos, ni mucho menos conocerlos. Mi sitio sólo me revelaría una parte del objeto. En el caso de que sólo lo existiera, no podría ni conocer al objeto como tal, ni podría venir al mundo la extensión originaria de mi sitio. “Si me limito a existir mi sitio, no puedo estar al mismo tiempo en otra parte para establecer esta relación fundamental; no puedo tener un comprensión oscura del objeto con respecto al cual se define mi sitio”[7].

    Por lo tanto, es necesario que este “ahí” que soy yo mismo, pueda no ser mi “ahí” al mismo tiempo que ese “ahí” que no es mi “ahí” pueda ser mi “ahí”. “La relación unívoca que define a mi sitio se anuncia, en efecto, como relación entre algo que soy y algo que no soy”[8].

   En este sentido Sartre sostiene que debo estar en condiciones de realizar dos operaciones: 1) Escapar de lo que soy y nihilizarlo. 2) Escapar por negación interna, a los “estos” en-medio-del mundo que no soy y por las que me hago anunciar lo que soy. Con respecto a lo primero, se trata de la posibilidad de dejar de ser lo que soy. Precisamente, el para-sí no es, no tiene ser, se encuentra siempre “estallando” hacia afuera. El para-sí se trasciende constantemente a sí mismo nihilizándose; sólo así puede advenir mi sitio como tal. “Soy, como ser ahí, aquel contra el cual alguien viene corriendo, aquel que tiene todavía una hora que escalar antes de estar en la sima de la montaña, etc.”[9]. La relación con las cosas no se establece originalmente desde una instancia de contemplación sino desde la acción. La acción implica un estar fuera del para-sí, a partir del cual este se niega y supera.

   En lo concerniente al segundo punto, Sartre se refiere a que la negación que realizo de mí mismo conlleva a una huída y negación de la forma en que se me presentan las cosas. Dijimos que yo soy razón del orden en el cual las cosas aparecen, la negación de mí mismo es también la negación de dicho orden. Por lo tanto, mi sitio adquiere su significado a partir de la negación que hago de mí mismo a partir del fin que proyecto en mi acción. “Así, mi libertad viene a conferirme mi sitio  y a definirlo como tal, situándome; sólo porque mi estructura ontológica consiste en no ser lo que soy y ser lo que no soy, puedo estar limitado a este ser-ahí que soy”[10]. Para Sartre, es el futuro proyectado el que significa a mi posición en el mundo.

Libertad y extensión espacial

    Para Sartre mi sitio encuentra su significación en vistas de un fin. De acuerdo a este fin, mi sitio será vivido como un auxiliar o un impedimento. Estoy cerca o lejos de la estufa que deseo encender, estoy cerca o lejos de la Universidad a la que tengo que entrar dentro de media hora. El fin que proyecto dota de significación mi sitio; esto significa que el espacio se configura a partir de dicho fin. En sentido, Sartre advierte que es el no-ser lo que hace comprensible mi posición actual.

   “Así, pues, sólo a la luz del no-ser y del futuro puede ser comprendido actualmente mi posición: ser ahí es no tener más que dar un paso para alcanzar la tetera; poder mojar la pluma en el tintero con sólo extender el brazo; deber volver la espalda a la ventana si quiero leer sin fatigarme la vista; tener que montar la bicicleta y soportar durante dos horas las fatigas de una siesta tórrida si quiero ver a mi amigo Pedro; tomar el tren y pasarme la noche sin dormir si quiero ver a Anny”[11].

   La mención de Sartre al no-ser no hace sino enmarcarse en la tesis sobre la acción planteada al comienzo de la cuarta parte de El ser y la nada. Allí Sartre define a la acción como una negación del mundo tal como este se muestra. Es decir, cuando el para-sí realiza una acción que niega el orden vigente del mundo. Dicha negación se lleva a cabo a partir de un retiro de la conciencia del ser al no-ser. “Esto significa que, desde la concepción de la acción, la conciencia ha podido retirarse del mundo pleno del que es conciencia y abandonar el terreno del ser para abordar francamente el terreno del no-ser”[12]. El no-ser es aquello que opongo al ser y que termino por elegir. El mundo es de una manera determinada, noto una carencia en él e imagino un mundo en el cual esa carencia es anulada. Este mundo sin la carencia no es más que un ideal. Sin embargo, cuando actúo lo que hago es negar el mundo que “es” en pos de lo que “no es”.

   A partir de la acción se opera, entonces, una nihilización de mi sitio presente. El no-ser del fin define mi sitio.  “Mi sitio, antes que la libertad haya circunscripto mi asiento como una falta de determinada especie, “no es”, propiamente hablando, absolutamente nada, puesto que la propia extensión a partir de la cual todo sitio se comprende no existe”[13].

   La extensión espacial aparece entonces constituida por mi libertad. Sartre señala que, en este sentido, la distancia con los objetos nunca deja de ser captada a la luz de las significaciones y simbolizaciones que mi fin proyecta sobre ellas. La ubicación del río, la distancia al mar, la altura de las montañas aparecen siempre en relación a dicho fin. Incluso, Sartre dice que, no sólo la extensión espacial se presenta de está manera, sino también la temporal. “Al contrario,  si huyo de un grupo de hombres o de la opinión pública, mi sitio está definido por el tiempo que esa gente necesitará para descubrirme en el fondo del villorio en que me he refugiado, para llegar a este villorio, etc.”[14].

  Por otra parte, con respecto al problema de las antinomias planteado unas páginas atrás, se trata de un juego doble, porque así como mi sitio sólo “es” en tanto mi libertad se proyecta sobre él, mi libertad, sólo es tal, en tanto, se proyecta sobre la facticidad de mi sitio. Mi libertad se realiza sobre la facticidad, y, en esta, se me revela como débil, impotente, etc. Mi sitio, en tanto revelación de mi facticidad, es aquello desde donde realizó la libre elección de cambiar de posición. “Cambiar” es “cambiar de”. “El sitio aparece a partir de los cambios que proyecto, pero cambiar implica, justamente, algo de-cambiar, que es justamente mi sitio. Así, la libertad es aprehensión de mi facticicidad”[15].

Conclusión

    En Sartre mi sitio aparece como el centro de referencia para la constitución del orden en que las cosas aparecen. Es el absoluto a partir del cual emerge la extensión espacial. En este sentido, Sartre continúa con la tradición fenomenológica de rechazar la originalidad de la comprensión geométrica del espacio. Por otra parte, mi sitio revela la contingencia original de mi existencia ya que me remite siempre a un lugar de nacimiento. Esto hace que señale la facticidad sobre la que surge mi existencia, existencia de la cual no soy yo su fundamento.

   Sin embargo, no se debe inferir de ello que mi libertad sea anulada. Si bien existo mi sitio, también lo supero, lo niego. Mi ahí actual debe poder no ser mi ahí. Yo soy mi sitio, y al ser el para-sí nihilización de sí mismo, es también nihilización de su sitio. Mi sitio es fundamentalmente relación con las cosas. Dicha relación es siempre superada por la proyección de un fin.

    Para Sartre, la forma original de la relación con las cosas no es la contemplación sino la acción. Sartre comprende la acción como negación del mundo y opción por el no-ser. Por lo tanto, es mi libertad la ilumina la facticidad y la que dota de significación a mi sitio. Al mismo tiempo, la libertad sólo se da en el terreno de la facticidad, ya que, mencionamos antes, todo cambio implica algo que cambiar. Si bien sólo existo un sitio en la medida en que mi libertad proyecta una nihilización de mi facticidad, la libertad sólo es posible en dicha facticidad. La libertad, pues, no es una libertad abstracta, sino que, por el contrario, se trata de una libertad concreta que opera sobre lo dado. Se trata de una libertad humana que sólo puede ser posible sobre la facticidad de la contingencia original.














[1] Sartre, Jean Paul, El ser y la nada, Losada, Buenos Aires, 2008, 665.
[2] Ibíd., p.  667.
[3] Ibíd.
[4] Ibíd., p. 666.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd., p. 667.
[8] Ibíd.
[9] Ibíd., p. 668.
[10] Ibíd., p. 668.
[11] Ibíd., p. 669.
[12] Ibíd., p. 596.
[13] Ibíd., p. 671.
[14] Ibíd., p. 670.
[15] Ibíd., p.  670.

No hay comentarios: