La náusea

jueves, 3 de marzo de 2011

Las críticas al Mitsein y la praxis como fundamento de la intersubjetividad

Maximiliano Basilio Cladakis


      En El ser y la nada, Sartre realiza una aguda crítica al concepto de Mitsein[1] sostenido por Heidegger. En efecto, esta crítica es llevada a cabo tras el establecimiento del conflicto como sentido originario del ser para-otro realizado en los capítulos anteriores de la obra. Sartre advierte, entonces,  que su tesis podría llegar a dar la impresión de dejar fuera algunas experiencias concretas que el  para-sí tiene del Otro. “Sin duda, se querrá hacernos observar que nuestra descripción es incompleta, pues no deja lugar a ciertas experiencias concretas en que nos descubrimos no en conflicto sino en comunidad con él”[2].  En este aspecto, Sartre observa que  su idea del “conflicto” aparece como antitética al Mitsein; por lo que, si la relación originaria con el Otro es más bien un “ser-contra” que un “ser-con”, podría preguntarse que es lo que ocurre con el “nosotros” en tanto experiencia concreta del para-sí ¿se trataría acaso de una experiencia falsa o ilusoria?

    La respuesta de Sartre, obviamente, será que no, que no se trata de una experiencia ni falsa ni ilusoria. El problema planteado es otro: se trata del estatus ontológico que se le confiere al “nosotros”.  Precisamente, esta misma cuestión será retomada en el segundo tomo de la Crítica de la razón dialéctica. Tanto en la obra de 1943 como en la de 1960 lo que será cuestionado es la substancialización de la intersubjetividad y del “nosotros”. Si bien en una y otra obra los blancos de las críticas en este punto son otros (En El ser y la nada es Heidegger mientras que en la Crítica lo es el marxismo dogmático), también habrá algunos “blancos” compartidos: principalmente el concepto de “conciencia colectiva” planteado por lo que Sartre denomina como “sociología tradicional”. En este sentido, podemos encontrar una línea de continuidad entre ambas obras. Tanto en una como en otra,  Sartre cuestionará la substancialización del “nosotros”  y la idea de querer encontrar como fundamento de la intersubjetividad un “ser intersubjetivo”.

    En su introducción al texto póstumo Verdad y existencia, Celia Amorós indica que, en Sartre, la intersubjetividad no es un punto de partida, sino que, por el contrario, esta se encuentra siempre haciéndose y deshaciéndose[3]. Efectivamente, tanto en El ser y la nada, como en la Crítica de la razón dialéctica la intersubjetividad no aparece como algo dado, sino como algo que se constituye a partir de una dinámica compleja donde las estructuras ontológicas no determinan a priori la aparición de un “nosotros”, sino que esta se da sobre la base de una contingencia ante la cual se abren dichas estructuras.

   Con respecto a esto, en El ser y la nada, Sartre afirma que el Mitsein “(…) no puede constituir una estructura ontológica de la realidad humana”[4]. Por el contrario, frente a lo que considera una caída de Heidegger en un apriorismo de tipo kantiano, Sartre hará hincapié en la acción como aquello a partir lo cual se constituye el “nosotros”. Precisamente, Sartre señala que si bien el “nosotros” implica una pluralidad de subjetividades reconociéndose, nunca es él mismo  objeto de explicitación, sino que el objeto de explicitación es siempre una tarea común: ““Nosotros resistimos, subimos al asalto, condenamos al culpable, miramos tal o cual espectaculo, etc.”[5]. El “nosotros” explicitado aparece constituido por la acción, y no bajo la forma de un a priori, a la manera en que Sartre entiende el Mitsein heideggeriano.  Sartre ejemplifica su tesis a partir de la escena de una pluralidad de individuos que se encuentran en la terraza de un café y que, al ocurrir un accidente de tránsito en una calle aledaña, se levantan de sus respectivos lugares para ver lo ocurrido. En ese momento se constituye un “nosotros”  a través de una acción común (en este caso “ver el accidente”). “Las rivalidades, los leves conflictos anteriores han desaparecido, y las conciencias que proveen la materia del nosotros son precisamente las de todos los parroquianos: nosotros miramos el suceso, tomamos partido”[6].

   Con respecto al carácter fundacional de la acción que podemos encontrar aquí, nos resulta importante señalar dos cuestiones. Por un lado, que una de las críticas principales que Sartre le dirige a Heidegger tendrá como motivo esencial la ausencia que encuentra en este de una teoría de la acción. Precisamente, en el último párrafo de la tercera parte de El ser y la nada, cuando se anuncia el tema a tratar en la cuarta parte cuyo título es “Tener, Hacer y ser”, Sartre hace explícita esta crítica. Luego de mencionar los puntos de concordancia con Heidegger acerca de que el Dasein trasciende a los entes hacia el ser mismo de estos, Sartre señala que el autor de Ser y tiempo “(…) calla el hecho de que el para-sí no es solamente el ser que constituye una ontología de los existentes, sino también el ser por el cual sobrevienen modificaciones ónticas al existente en tanto que existente”[7]. Precisamente, en El ser y la nada la acción se presenta como elemento fundamental dentro de la ontología sartreana. El carácter nihilizador del para-sí encuentra su más cabal ejemplificación en la acción, a la cual podría definirse como la nihilización de lo que es en pos de lo que no es. “Esto significa que, desde la concepción de la acción, la conciencia ha podido retirarse del mundo pleno del que es conciencia y abandonar el terreno del ser para abordar francamente el terreno del no-ser”[8]. Con respecto a la segunda cuestión, es de remarcar que en La crítica de la razón dialéctica, es la praxis la que ocupa este lugar fundacional.  En lo que hace al tema que nos concierne, la aparición de un “nosotros” pensado, o bien como “grupo operativo”, o bien como “comunidad práctica”, se da partir del libre desarrollo de una praxis común. El “nosotros” no es una estructura previa al desarrollo histórico de la actividad humana, sino que se configura a partir de la historia, a partir de la serie de negaciones y totalizaciones que la Crítica tendrá como objetivo describir.    

     Es importante señalar que esta idea se encuentra también planteada en algunos artículos de los años ´50 dentro del debate acerca del marxismo como “Los comunistas y la paz” y “Respuesta a Lefort”.  En estos textos, Sartre no acepta que el despliegue objetivo de las fuerzas de producción, conlleven a la  clase obrera a tomar conciencia de sí; por el contrario, en Los comunistas y la paz, sostiene que: “(…) si el proletariado es sólo el deshecho inerte de la industrialización, se derrumbaría en una polvareda de partículas idénticas”[9].  El desarrollo de la conciencia de clase del proletariado aparecerá, entonces, definido por su enfrentamiento con la burguesía. Es decir, que la toma de conciencia del proletariado se realiza por medio por medio de la praxis. Tanto Claude Lefort como Merleau-Ponty criticarán el planteo que Sartre realiza en estos textos. Una de las críticas principales será que Sartre no tendría en cuenta  el rol fundamental que ocupa en el desarrollo de la conciencia de clase el sufrir pasivamente las condiciones objetivas de producción, por lo que su tesis se alejaría del marxismo para recaer en un subjetivismo voluntarista. Sin embargo, el planteo sartreano no obvia aquella dimensión de pasividad que constituye la condición de posibilidad de la conciencia de clase sino que lo que sostiene es la conciencia de clase sólo surge en tanto la praxis común niega aquello dado.





  


[1] El Mitsein o “ser-con” es, en Ser y tiempo, un elemento constitutivo de la estructura ontológica del Dasein.
[2] Sartre, Jean Paul, El ser y la Nada, ensayo de ontología y fenomenología, Losada, Buenos Aires, 2008, p. 562.
[3] Sartre, Jean Paul, Verdad y existencia, Paidós, Barcelona, 1996, p. 33.
[4] Sartre, Jean Paul, El ser y la Nada, ensayo de ontología y fenomenología, p. 564.
[5] Ibíd., p. 563
[6] Ibíd., p. 564
[7] Ibíd., p. 585.
[8] Ibíd., p. 592.
[9] Sartre, Jean-Paul, Problemas del marxismo I, Losada, Buenos Aires, 1968, p. 142.