La náusea

viernes, 18 de abril de 2008

¿Por que Sartre?


Edgardo Pablo Bergna
Maximiliano Basilio Cladakis

Tal vez alguien se pregunte por los motivos que nos han llevado a tomar la decisión de crear este espacio de reflexión y de investigación sobre la obra sartriana. De surgir dicha pregunta nos creemos capaces de brindar no una, sino varias respuestas, en tanto son varios los motivos que nos han conducido a realizar este acto.

Por un lado, creemos que Sartre es una figura excepcional dentro de la historia intelectual moderna. Es un filósofo de primera línea, sus obras sistemáticas (como El ser y la nada y la Crítica de la razón dialéctica) forman parte de ese compendio de obras clásicas de la filosofía como las de Kant, Hegel, Marx o Heidegger, obras que continúan, infatigables, la tradición inaugurada por Tales hace ya más de dos mil quinientos años. Sartre es también un literato brillante; su pluma brindó novelas como La nausea y la trilogía de Los caminos de la libertad, y también piezas teatrales que supieron ser el escándalo de su época; La puta respetuosa, A puertas cerradas, Las moscas, son claros ejemplos de lo dicho. Sartre fue, además y ante todo, un intelectual comprometido, un hombre sumergido absolutamente en las problemáticas de su tiempo; su escritura no sólo originó tratados filosóficos u obras literarias, sino que fue un arma de guerra, y sus ensayos y artículos políticos son una parte tan importante de su obra como las otras mencionadas. Todas ellas, a su vez, conforman una unidad de sentido en la cual podemos leer a cada una a la luz de la otra. Sartre se propuso ser un “intelectual total” y, sin lugar a dudas, lo logró.

Por otro lado, tenemos la firme convicción de que la obra sartriana nos brinda la posibilidad de replantearnos nuestra propia contemporaneidad, de que nos permite pensar nuestro mundo, de que nos posibilita el comprendernos a nosotros mismos. Textos tales como Los comunistas y la paz o los varios escritos sobre Argelia, más allá de los nombres y detalles, parecen estar describiendo nuestras propias situaciones, lo que día tras día nos rodea. Cambiemos Francia por Estados Unidos, Argelia por Irak, proletariado francés por piqueteros desocupados, lo que dice Sartre mantiene una vigencia como la que pocas veces puede encontrarse. Si el fin de la filosofía es, como dice Hegel, pensar el propio mundo, la obra sartriana nos brinda herramientas de un valor incalculable.

En tercer lugar, coincidimos plenamente con José Pablo Feinman cuando él sostiene que Sartre está “ocultado”. En efecto, la figura de quien supo ser el pensador más reconocido por alrededor de dos décadas hoy parece yacer olvidada, ignorada por el mundo académico e intelectual. Neo-conservadores, liberales de tintes progresistas, místicos, han ido acaparando la atención del público “culto”. Es nuestro intención, también, vivificar el pensamiento sartriano, al cual creemos que lleva in nuce la posibilidad de transformar la realidad (cosa que tanto deseaba el otro “gran oculto”, Karl Marx). Sartre es un pensador radical, sus críticas nunca son “a medias tintas”; él va hasta el fondo de la cuestión, atacando no sólo la superestructura del mundo burgués sino su base misma. El ve la opresión no únicamente cuando el estado se abalanza de manera brutal contra el individuo, sino también en la violencia “pasiva”, la violencia diaria, “legítima” y legal, que el hombre ejerce sobre el hombre, en aquello, hoy innombrable e intocable, que se llama capitalismo.

Otro elemento de la obra sartriana que nos mueve a intentar sumergirnos en ella es su racionalidad. Desde Platón a nuestros días, la filosofía se ha diferenciado de las demás disciplinas que hacen a la vida humana por pensar el mundo a partir de un discurso racional. El dar razones, el no dejar las cosas libradas a la doxa, es la marca propia del filosofar. Sin embargo, la posmodernidad y su fijación con las grandes muertes han proclamado el ocaso de la razón. El dogmatismo y el regreso a la fe son notas características de la intelectualidad contemporánea, intelectualidad que tiene como correlato el giro hacia la derecha que en lo últimos años ha dado el mundo, el aparente triunfo del neo-liberalismo como sistema hegemónico mundial. Sartre se ha encargado de enmarcar a su obra dentro de la racionalidad propia del filosofar, y no por ello dejó nunca de lado sus intereses estéticos o literarios, puesto que estos, como dijimos antes, forman una unidad con sus otros trabajos.

Por último, tal vez la principal razón que nos mueve a la realización de este espacio sea la admiración que nos produce la figura de Jean-Paul Sartre como hombre de su tiempo. Alguien lo llamó la “conciencia odiada del siglo”. Efectivamente, él estuvo siempre presente, comprometido, en los debates más difíciles de un siglo que fue en extremo difícil. Sus posiciones muchas veces horrorizaron a la prensa y al mundo intelectual; esto es sencillo de entender ya que en todos sus planteos estuvo de parte del oprimido, nunca del opresor. Admiramos a Sartre por ello, y también porqué, a diferencia de la mayoría de los hombres, a medida que creció, que envejeció incluso, fue radicalizándose más y más. Ver fotos en las que con casi setenta años hablaba a las juventudes revolucionarias de mayo o en las que, con la misma edad, repartía volantes a los obreros en las puertas de las fábricas es algo que nos conmueve. Hay un viejo dicho popular que dice “comunista de joven, burgués de grande”, la vida de Sartre nos demuestra que esto no tiene porqué ser siempre así. Y le estamos agradecidos por ello.

Foto: Sartre repartiendo el diario La Cause du Peuple, 1968